El espejismo de la flexibilidad: lo que la economía gig absorbe y lo que descarta
Las nuevas formas de trabajo —mediadas por plataformas digitales— se han vendido bajo una promesa de flexibilidad y autonomía que, revisada con cuidado, no resiste del todo el contraste con la evidencia. No se trata de una ruptura con el capitalismo clásico, sino, como advierte Srnicek (2017), de una adaptación de sus lógicas extractivas hacia nuevas fuentes de valor: los datos y las interacciones digitales. Esta distinción importa porque cambia la pregunta que deberíamos hacernos; no es si la economía gig genera empleo, sino qué tipo de empleo genera y para quién. El lado positivo suele resumirse rápido. Estas plataformas ofrecen bajas barreras de acceso, lo que permite que personas sin capital ni credenciales encuentren una fuente de ingreso extra o, en algunos casos, principal; Fernández y Benavides (2020) añaden la integración financiera y cierta formalización empresarial como beneficios adicionales. Para quien busca completar sus ingresos —estudiantes universitarios, técnicos, per...